Diagnóstico y exploración

OCT, campimetría, retinografía: cómo organizar las pruebas diagnósticas de tu clínica

OCT, campimetría, retinografía, tonometría, topografía corneal... cada prueba diagnóstica aporta información distinta. Repasamos para qué sirve cada una y cómo evitar que los resultados acaben dispersos en carpetas sueltas.

Administrador Demo 10 Aug 2026 11 min de lectura 64 vistas
OCT, campimetría, retinografía: cómo organizar las pruebas diagnósticas de tu clínica

Una clínica de salud visual moderna trabaja con un abanico de pruebas diagnósticas que va mucho más allá de la exploración con lámpara de hendidura: tomografía de coherencia óptica (OCT), campimetría computarizada, retinografía, tonometría, topografía corneal, paquimetría, biometría, ecografía ocular o test de visión de color, entre otras. Cada una aporta una pieza distinta del diagnóstico, y ninguna sustituye a las demás. El reto de gestión no es tanto realizar estas pruebas —los equipos y protocolos ya son parte del día a día clínico— sino organizar sus resultados de forma que sigan siendo útiles meses o años después.

Es habitual encontrar clínicas donde los resultados de estas pruebas viven en sitios distintos: una carpeta compartida con capturas de pantalla del equipo de OCT, un cajón con impresiones de campimetría, un disco duro con las imágenes de retinografía del último año. Cuando el resultado de una prueba no está vinculado directamente a la ficha del paciente, se pierde el contexto y, sobre todo, se pierde la capacidad de comparar una prueba con la siguiente del mismo tipo.

El riesgo de los resultados dispersos

Una carpeta compartida, un cajón con impresiones, un disco duro con imágenes sueltas: cuando el resultado de una prueba no vive junto a la ficha del paciente, se pierde el contexto y la posibilidad de compararla con la siguiente del mismo tipo.

OCT: tomografía de coherencia óptica

La OCT es una prueba de imagen no invasiva que genera cortes transversales de alta resolución de la retina y el nervio óptico. Es especialmente valiosa para detectar alteraciones estructurales incipientes —adelgazamiento de la capa de fibras nerviosas, cambios en el grosor macular— que en muchos casos preceden a la aparición de síntomas o a un defecto detectable en otras pruebas funcionales. Su valor clínico principal está en la comparación seriada: no es tanto el resultado de una única OCT como la evolución de varias OCT realizadas a lo largo del tiempo lo que orienta si una patología está progresando o se mantiene estable.

Campimetría computarizada

La campimetría mide el campo visual del paciente, es decir, qué extensión del espacio percibe cada ojo sin mover la mirada. Es la prueba funcional por excelencia para el seguimiento de patologías que afectan al nervio óptico o a la vía visual, y complementa a la OCT: mientras la OCT valora la estructura, la campimetría valora la función. Un defecto campimétrico que se mantiene estable entre pruebas sucesivas es una buena noticia; un defecto que se amplía es una señal de que conviene revisar el abordaje.

Retinografía digital

La retinografía es una fotografía de alta resolución del fondo de ojo. Permite documentar el aspecto de la retina, la mácula, los vasos retinianos y el nervio óptico en un momento concreto, y es especialmente útil para el cribado y seguimiento de patologías vasculares y retinianas. Su gran ventaja frente a una simple exploración visual es que queda un documento gráfico objetivo que se puede comparar con retinografías anteriores, algo que no es posible con una anotación descriptiva del fondo de ojo.

Tonometría

La tonometría mide la presión intraocular con equipos específicos, complementando la medición que ya forma parte de la exploración oftalmológica de rutina. En determinados protocolos de seguimiento —por ejemplo, curvas de presión a distintas horas del día— se realizan varias tonometrías en la misma jornada, lo que hace todavía más necesario un registro estructurado con fecha y hora exactas de cada medición.

Topografía corneal y paquimetría

La topografía corneal genera un mapa detallado de la curvatura de la córnea, imprescindible en el estudio preoperatorio de cirugía refractiva y en el diagnóstico de patologías corneales. La paquimetría mide el espesor corneal, un dato que condiciona qué técnicas quirúrgicas son seguras para cada paciente y que también influye en la interpretación correcta de la presión intraocular medida por tonometría. Ambas pruebas suelen solicitarse juntas cuando se valora a un paciente de cara a una cirugía refractiva.

Biometría y ecografía ocular

La biometría mide con precisión las dimensiones del ojo —longitud axial, profundidad de cámara anterior, curvatura corneal— y es un paso obligado antes de una cirugía de cataratas, ya que de estos datos depende el cálculo de la potencia de la lente intraocular que se implantará. La ecografía ocular, por su parte, permite explorar estructuras internas del ojo cuando los medios oculares no son suficientemente transparentes para una exploración directa, por ejemplo en presencia de una catarata muy densa o una hemorragia vítrea.

Test de visión de color y otras pruebas

El test de visión de color detecta alteraciones en la percepción cromática, tanto de origen congénito como adquirido, y forma parte habitual de revisiones laborales y de aptitud, además de tener valor diagnóstico en determinadas patologías del nervio óptico. Junto a estas pruebas "clásicas", cualquier clínica necesita margen para registrar pruebas menos frecuentes o específicas de un equipo concreto, sin que el sistema le obligue a encajarlas en una categoría que no les corresponde.

Protocolos que combinan varias pruebas

En la práctica, rara vez se solicita una única prueba diagnóstica de forma aislada. Lo habitual es que el criterio clínico combine varias, cada una aportando una perspectiva distinta sobre la misma pregunta. En el seguimiento del glaucoma, por ejemplo, es frecuente combinar tonometría, OCT de fibras nerviosas y campimetría en la misma revisión o en revisiones cercanas, precisamente porque estructura y función no siempre evolucionan al mismo ritmo. En el estudio preoperatorio de una cirugía refractiva, topografía corneal, paquimetría y biometría suelen solicitarse como un bloque, porque juntas determinan si la córnea del paciente es apta para una técnica concreta y con qué parámetros.

Cuando el sistema que registra estas pruebas permite verlas agrupadas por fecha y por paciente, en lugar de una a una y dispersas por tipo, es mucho más fácil reconstruir estos protocolos combinados y comprobar de un vistazo si faltó alguna prueba del conjunto que el criterio clínico había previsto solicitar.

Una prueba diagnóstica que no se puede encontrar cuando se necesita es, a efectos prácticos, una prueba que no existe.

Formatos de archivo y resultados: imagen, PDF o informe estructurado

Los resultados de las pruebas diagnósticas llegan en formatos muy distintos según el equipo que las genera: una captura de imagen en el caso de la retinografía, un informe en PDF exportado por el software del tomógrafo de OCT, un archivo propietario del equipo de campimetría, o simplemente una anotación numérica manual en pruebas más sencillas como la tonometría de contacto. Un sistema de gestión de pruebas diagnósticas útil no puede exigir un único formato: necesita aceptar el documento o imagen tal como lo genera el equipo, adjuntarlo a la ficha del paciente, y dejar además un campo de resultado en texto donde el profesional resuma la interpretación clínica del hallazgo, de forma que no sea necesario abrir el archivo original cada vez que se quiera consultar rápidamente qué se concluyó de esa prueba.

Por qué conviene un registro flexible: tipo + fecha + profesional + resultado + archivo

Con una variedad de pruebas tan amplia, el error habitual es intentar crear un formulario específico para cada tipo de prueba, lo que termina generando un sistema rígido y difícil de mantener. La alternativa más práctica —y la que realmente resuelve el problema de gestión— es un modelo de datos común para toda prueba diagnóstica, con estos campos:

  • Tipo de prueba: campimetría, OCT, retinografía, tonometría, topografía corneal, paquimetría, biometría, ecografía ocular, test de color u otras.
  • Fecha en la que se realizó, para poder ordenar cronológicamente y comparar pruebas del mismo tipo entre sí.
  • Profesional que la solicitó o interpretó, con trazabilidad de quién hizo qué.
  • Resultado, como texto descriptivo con el hallazgo o la interpretación clínica.
  • Documento o imagen adjunta, vinculado directamente a esa prueba concreta y accesible desde la ficha del paciente, sin depender de carpetas externas.

Con este modelo, cualquier tipo de prueba diagnóstica —presente o futura, si la clínica incorpora un nuevo equipo— encaja en la misma estructura, y toda la información queda centralizada en la ficha del paciente en lugar de dispersa en archivos sueltos. Esto es justamente lo que aporta organizar tus pruebas diagnósticas en un mismo software pensado para clínicas de salud visual: cada resultado queda donde debe estar, junto al resto de la historia clínica del paciente, listo para consultarse o compararse en el momento en que se necesite.

De la prueba diagnóstica al plan de seguimiento

El resultado de una prueba diagnóstica rara vez es un punto final: normalmente da lugar a una decisión sobre qué hacer a continuación, ya sea repetir esa misma prueba en un plazo determinado para valorar la evolución, solicitar una prueba complementaria que aporte otra perspectiva, o derivar el caso hacia una valoración más profunda. Que el resultado quede registrado junto con la fecha en que se realizó facilita precisamente planificar ese siguiente paso: saber cuándo corresponde repetir una OCT de control, o cuánto tiempo lleva sin actualizarse una retinografía en un paciente con seguimiento crónico, sin depender de que alguien lo recuerde manualmente.

Cómo se relaciona con el resto de la historia clínica

Las pruebas diagnósticas no sustituyen a la exploración oftalmológica completa: la complementan quando un hallazgo requiere profundizar más allá del examen clínico directo. De la misma manera, es habitual que los resultados de estas pruebas se contrasten con el historial de refracción del paciente, por ejemplo cuando una topografía corneal o una biometría forman parte del estudio previo a una cirugía refractiva o de cataratas.

Preguntas frecuentes

¿Es necesario un equipo distinto para cada prueba?

En general sí, cada prueba diagnóstica requiere un equipo específico (tomógrafo para OCT, campímetro, retinógrafo, tonómetro, topógrafo corneal, paquímetro, biómetro, ecógrafo). Lo que puede y debe unificarse es el registro de sus resultados, con independencia del equipo que los genere.

¿Qué prueba se usa para el seguimiento del glaucoma?

Habitualmente se combinan varias: la tonometría para la presión intraocular, la OCT para valorar la estructura del nervio óptico, y la campimetría para valorar la función del campo visual. Ninguna sustituye a las otras dos.

¿Cómo se evita perder el resultado de una prueba realizada por un equipo externo?

Adjuntando el documento o imagen recibido directamente a la ficha del paciente en el momento de recibirlo, en lugar de guardarlo en una carpeta aparte "para subirlo después" — que es, en la práctica, el origen de la mayoría de resultados que terminan perdiéndose.

¿Qué pasa si en el futuro la clínica incorpora un equipo nuevo con un tipo de prueba distinto?

Un modelo de registro flexible, con un catálogo de tipos de prueba abierto y una categoría "otras" disponible, permite incorporar nuevos tipos sin necesidad de rediseñar el sistema. Basta con añadir el nuevo tipo a la lista y empezar a registrar resultados con la misma estructura común de fecha, profesional, resultado y archivo adjunto que ya se usa para el resto.

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